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El inolvidable Moana Looping Day

Dogway cumple 20 años en 2017 y es inevitable ponerse a recapitular, pero no voy a remontarme demasiado en la primera entrada de esta nueva fase de mi blog personal de Dogwaymedia.com. El Moana Looping Day, una batalla que cuento con detalle más abajo, fue uno de los días más memorables de todos los que llevo subido a un monopatín y los que he trabajado para la revista.

Os dejo por aquí el vídeo que resume aquella jornada de 2015 y, un poco más abajo, el texto sobre el asunto que salió publicado en la Dogway. Lo intercalo con algunas fotos que tomé aquel día con mi cámara y alguna cosa más que viene al caso.

 

Texto publicado originalmente en Dogway Skateboard Magazine #119

Moana Looping Day

Para contarte la historia del Moana Looping Day como debe ser, hemos de remontarnos a varios meses antes del evento. El caso es que Tino Arena encontró en las afueras de Barcelona un extraño entretenimiento para niños cuya forma era similar al típico looping en el que tantas veces hemos visto hacer de las suyas a Burnquist, Hawk y demás. Bueno, tanto como exacta no era la cosa. Las dimensiones del singular columpio son bastante más reducidas que las del juguete gringo y, para darle más floritura al tema, está hecho con tablones que convierten la rodada de un patín en un desconcertante sonido de ametralladora. Vamos, que todo eran desventajas e incluso llegó a nuestros oídos que el encargado de diseñar aquello se había esmerado en que la física y la matemática hiciesen imposible que alguien intentase dar la vuelta completa con cualquier artilugio rodante… lo que viene siendo un “todo mal” como rabieta de madre, pero el uruguayo no se achicó y en un par de ofensivas ya estaba poniendo los pies por encima de la cabeza para dejarse caer en un colchón que sacó de su propia casa.

Tino Arena tanteando el looping callejero que hizo saltar la chispa de todo esto.

 

Habrá a quien sorprenda escuchar que el primer día la cosa se quedase a medias y aún así fuese considerada un éxito, pero estamos hablando de batirse con un “rompecuellos” diseñado y construido para que ningún monopatín (o primo bastardo) se lo gozase. Toda la expedición estuvo de acuerdo en recoger los bártulos, denominar la jornada como “hacer la inteligencia” y esperar a que algún fotógrafo estuviese disponible para inmortalizar aquello como se merecía. Así que, tras esconder el colchón en unos matorrales cercanos, nos fuimos comentando la jugada y empezamos a mover los hilos pertinentes para que la siguiente visita no se demorase más de lo justo y necesario.

Algunos días más tarde volvimos al lugar junto a Gerard Riera y su cámara de fotos y “la bajona” no se hizo esperar. Los zarzales que custodiaban el colchón habían sido profanados y alguien se había hecho dueño de nuestro tesoro de tela y muelles. Dar el primer tiro sin un poco de concienciación acolchada era una verdadera odisea y Tino se dividió a partes iguales entre el enfado, el acojone, la decepción y la culpabilidad. Se sentía en deuda con el personal que había llevado hasta allí, pero lo que se estaba jugando era la columna vertebral y todo el mundo entendió que se lo pensase.

“Nos volvimos a casa con la sensación de haber vivido algo histórico.”

 

Entre varios “que le doy” y “que no le doy” apareció una patrulla de maderos a interesarse por el motivo que nos había llevado a cubrir la zona de flashes y cámaras. Se mostraron comprensivos e incluso algo entusiasmados con nuestros planes, pero prevaleció su obligación de sofocar cualquier diversión que se salga de los cánones cívicos y nos invitaron a recoger la fiesta e irnos a tomar por culo con nuestros monopatines y artilugios electrónicos. Nos prometimos volver las veces que fuese necesario, pero las obligaciones de cada uno fueron demorando el asunto y poco a poco la cosa se fue quedando en el olvido. Bueno, en el olvido de fotógrafos y filmers, porque a Tino se le había quedado bien clavada la espina de la vuelta completa y no paró de dar la chapa sobre construir un looping hasta que topó con Patxi Pardiñas y acordaron montar la rampa del demonio en el Moana Surf And Skate Hostel. Ahora si podemos empezar a contarte lo que pasó allí.

Carlos Neira haciendo balance de daños cuando la estructura empezó a fallar.

 

Por si aún no lo sabes, Moana es una casa en plena naturaleza vasca en la que, además de tener varios spots de surf a tiro, también se puede disfrutar de un skatepark y una miniramp. Allí saben de lo que va esto del skateboarding y se prestaron a apoyar esta iniciativa inédita en Europa cediendo su terreno y montando el looping con el que tan encaprichado estaba el señor Arena. Se encargaron de construir el tinglado (Txomin Pardiñas y el propio Tino) además de hospedar y alimentar a los que quisiesen acercarse hasta allí para intentar dar la vuelta o ser testigos del hito histórico. El evento se realizó sin las florituras de una gran convocatoria vinculada a marcas, así que hubo total libertad para hacer las cosas a nuestra manera y, para que nos entendamos, aquello fue una risa constante. Todo aquel que tuvo cojones a darle le pudo dar y cada uno centrifugó su cuerpo como le vino en gana. El ambiente fue festivo y entre chuletas y birra cada cual le iba pillando el rollo al loop a su manera. Por suerte para los presentes no se había escatimado en seguridad y unas enormes colchonetas ayudaron a que muchos se envalentonasen a probar, pero llegado el momento de la verdad (el de sacar los colchones) el ajetreo en la lanzadera se redujo a la mínima expresión. José M. Roura y Carlos Neira decidieron hacer su propia interpretación del módulo y lograron entrar por una de las rampas para grapar a la altura del techo y aterrizar en la salida, pero sólo Tino Arena se metió en el charco de hacer el looping como se lo habíamos visto completar a los gringos. Ya había salido rodando varias veces tras ir retirando progresivamente las colchonetas y el público pedía que quitase todas de forma enloquecida. Quizá esto fue la gota que colmó la paciencia del patinador y sacó a patadas el último colchón que le protegía. Ahí empezó una serie de siete talegos bastante impresionantes y que además fueron casi idénticos, así que ciertas partes de su cuerpo quedaron tan castigadas que la coherencia entro en juego. Tino tomó la sabia decisión de conformarse con lo que había logrado (dar la vuelta entera y salir rodando para estamparse en un colchón) y regó la noche con birra mientras repetía una y otra vez que la cosa no se iba a quedar así y que ya se las apañaría para construir otro looping mejor en el futuro. Todo el mundo le decía que su vuelta había sido perfectamente válida y se celebraron hasta entrada la noche tanto su proeza como las de Neira y Roura. Y es que el balance del día era más que bueno: además de tres momentazos protagonizados por los anteriormente mencionados, en Moana pudimos ver a Orlando Acosta amagar de swich junto a los festivos tiros que le dieron con el colchón puesto Norberto Mena, Alain Saavedra, Jaime Ruiz, Gonzalo Irígoras, Iván Rivado y otros muchos. Vamos, que le dio hasta nuestro diseñador Dani García e incluso el cobarde que escribe estas líneas. Todos los presentes teníamos claro que no sabíamos si la vida volvería a poner ante nosotros un caramelo de estas características y, con mayor o menor destreza y valentía, pocos pudieron resistirse a experimentar la sensación de dar la vuelta de la muerte.

Si todavía no lo has hecho aún estás a tiempo de buscar el vídeo en Dogwaymedia.com y ver con tus propios ojos lo que pasó aquel día en Moana. Ojalá Tino se salga con la suya y el año que viene también consiga convencer a esta peña para hacer posible otro evento como ese. Todos nos volvimos a casa con la sensación de haber vivido algo histórico y ya sólo queda dar las gracias a los que de una forma u otra lo hicieron posible. Fue la bomba, en serio…