Atiba Jefferson | la mirada que define el skateboarding contemporáneo

Atiba Jefferson es uno de los fotógrafos más influyentes del skateboarding contemporáneo. Nacido en Colorado Springs en 1976, comenzó su carrera en los años noventa documentando la cultura del skate desde dentro, combinando su pasión por patinar con un ojo único para el retrato y la composición. Su trabajo se consolidó en publicaciones como Transworld Skateboarding y Thrasher, y pronto se expandió al mundo del deporte, la música y la moda, retratando a figuras como Kobe Bryant o Thom Yorke. Con el tiempo, Atiba se ha convertido en un referente dentro y fuera del skate, conocido por su capacidad para capturar la energía y autenticidad del movimiento. Su colaboración con Vans dentro de la línea OTW representa la culminación natural de una trayectoria marcada por la innovación, la cultura urbana y la coherencia artística.

¿Cómo surgió esta colaboración y qué objetivos te has marcado en tu nuevo papel como Brand Curator de Vans?
Esta colaboración nació porque tengo una relación con Vans que se remonta a mi primer par de zapatillas, un pedido personalizado que hice en mi tienda local en el 91. En 2010, cuando lanzaron OTW, fui embajador durante dos años, y creo que esa relación con la gente que trabajaba allí hizo que todo fluyera de manera orgánica. Cuando se acercaron a mí recientemente, me sentí muy honrado y emocionado de volver a hacer algo con ellos, sobre todo ahora que tengo mucha más experiencia que hace 15 años. Mi objetivo en Vans es impulsar colaboraciones con artistas, músicos y skaters, y tratar de hacer las cosas de forma diferente para la marca.

En cuanto a la exposición de Barcelona, teniendo un archivo tan amplio que refleja momentos clave del skateboarding de los últimos años, ¿cómo afrontaste el proceso de selección para la colección?
La idea de tener galerías en diferentes lugares del mundo me pareció muy divertida, así que desarrollamos una carpeta principal y trabajamos con cada región para curar la exposición. Estoy muy contento con cada muestra. Fue increíble ver qué seleccionó cada lugar para colgar. Intenté elegir fotos de distintas ciudades para que todos pudieran representar a su comunidad, pero también fue muy divertido porque siempre me sorprendía lo que elegía cada sitio.

Las crisis son oportunidades para crecer y evolucionar, y el skateboarding refleja perfectamente esa capacidad de reinventarse. ¿En qué punto crees que estamos ahora?
Lo bonito del skateboarding es que siempre se trata de progresar, de no hacer lo mismo una y otra vez. Creo que esa ética de trabajo es diferente a cualquier otra actividad. ¿Quién quiere tirar el mismo triple una y otra vez? El skate siempre evoluciona hacia algo nuevo, y eso es lo que lo hace tan emocionante.

¿Qué cambios crees que son necesarios hoy en día para fomentar el crecimiento del skateboarding?
Creo que las ciudades deberían apoyarlo más. Menos expulsiones y restricciones. Si existieran spots urbanos aprobados por los ayuntamientos, el skate crecería muchísimo más gracias a la accesibilidad y a evitar tantos problemas. Veríamos un progreso enorme. También está la parte económica: quizá las empresas deberían obtener menos beneficios y reinvertir más en los pros.

En tus comienzos, Brittain te dio consejos para mejorar tu fotografía. Hoy, ¿hay alguien cuyas críticas sigas valorando para seguir mejorando en cada disparo?
Sinceramente, soy mi peor crítico. No me fijo mucho en lo que la gente piensa de mis fotos porque ya sé lo que está mal antes que ellos. Siempre digo que solo veo cosas que puedo mejorar, más que pensar en la perfección. Habré hecho cuatro fotos perfectas en mi vida, de millones que he tomado.

En una época en la que la fotografía de skate tenía estándares muy marcados, ¿cómo intentaste diferenciarte y evolucionar tu estilo?
Al principio solo intentaba imitar a Grant y a Spike. Hasta que tuve la suerte de asistir a Andy Bernstein, fotógrafo del equipo de los Lakers, y aprendí sobre formato medio y sincronización a alta velocidad. Usé ese aprendizaje para que mis fotos se vieran diferentes. Siempre he estado centrado en la progresión, así que adoptar nuevas tecnologías y cambiar de cámaras me ha ayudado a evolucionar. Por eso nunca quise limitarme a film o digital. Me encantan las cámaras, y eso siempre cambia la forma en que se ve mi trabajo.

Toda carrera profesional tiene altibajos. ¿Cuáles dirías que han sido los tuyos y qué te mantiene motivado?
Por suerte para mí, veo fotos en todas partes, así que nunca siento que estoy “trabajando” porque amo lo que hago y lo que mi carrera me ha permitido alcanzar. No creo que haya tenido grandes altibajos. Lo único que me duele es perder a personas como Dylan Rieder o Kobe Bryant; tener un archivo tan grande y tener que representarlos sin que estén aquí es duro. Eso es lo más bajo, perder a gente que quieres. Pero, por lo demás, mi carrera no ha dejado de crecer. Este último año, especialmente, ha sido increíble. No tengo quejas, quizá soy demasiado optimista.

¿Qué fue lo que te atrajo inicialmente de la fotografía?
Sinceramente, fue la primera vez que vi una copia en blanco y negro revelarse en el cuarto oscuro.

Dejaste tu ciudad natal en Colorado para perseguir tu sueño en California. ¿Qué te motivó a tomar esa decisión y cómo fueron esos primeros días?
Me mudé de Colorado a California porque odiaba el frío. Quería cielos azules y palmeras. No me mudé pensando en ser fotógrafo, la verdad; intentaba trabajar en un 7-Eleven. Los primeros días fueron geniales, como para cualquiera: todo es nuevo, no estás metido en la industria, no tienes prejuicios, y todo resulta emocionante.

¿Crees que el formato impreso sigue teniendo su lugar en nuestra cultura?
Totalmente. Los skaters siempre seremos personas creativas, y siempre querremos ver las cosas desde otra perspectiva, no solo deslizando el dedo por la pantalla. Queremos algo tangible.

«Las revistas de skate nunca han perdido relevancia, porque una portada impresa es algo que no puedes obtener en Interne

Mencionaste que pasaste casi al 100% a la fotografía digital cuando comenzaste con The Skateboard Mag. ¿Cómo afectó eso a tu estilo y a tu forma de trabajar?
Lo mejor de disparar en digital es que puedes ver al instante si una foto salió mal o no. Eso aceleró todo muchísimo. Al principio no era perfecto, pero se notó claramente la evolución hasta lo que tenemos hoy gracias a la tecnología.

Hubo una época en que revistas como Transworld, The Skateboard Mag y otras eran el corazón del skateboarding. ¿Cómo viviste su auge y su caída?
El papel es como una montaña rusa, con altibajos, pero Thrasher sigue aquí, más fuerte que nunca.

Las redes sociales nos han convertido en consumidores rápidos de contenido de skate. Teniendo en cuenta la inmediatez frente a todo el esfuerzo que implica patinar, ¿cómo crees que esto afecta a los skaters y a la industria?
Siempre digo: deja que las redes trabajen para ti, no trabajes tú para ellas.

¿Tienes algún proyecto o sueño que aún te gustaría perseguir?
Solo quiero seguir fotografiando. Sigo amándolo igual. Más talleres, exposiciones y libros.

Muchas gracias, Atiba, por tu tiempo y por compartir con la comunidad de Dogway tu visión, tu experiencia y tu impacto en el skateboarding.
Muchas gracias a ustedes.